Al italiano lo conocí el año 1871, cuando yo era soldado en la commune de paris. En el momento que estabamos más exhaustos,  Enrico nos ayudó con alimento, para todo el batallón. Pensé que era carnicero, despues supe que habia sido cofundador del banco de paris, un comprometido politico y economista que sin dejar de ser italiano, ahora era frances, Henri Cernuschi.

Lo volví a ver unos meses mas tardfe en el puerto de Le Havre, cuando Francia se había rendido y los puertos estaban llenos desbordandose hacia inglaterra. Las carrozas y los caballos apenas se escuchaban entre el silencio de los viajeros asustados.

Cernuschi en cambio, estaba buscando los caminos para japon y china, y su musica interior era alegre, al borde de la aventura. Cernuschi igual estaba cansado de las luchas armadas, defendió francia como un natural y antes a italia. Cernuschi estaba dejando la política y la economía por un viaje al rededor del mundo, tirando al mar los traumas de la guerra, y embarcandose en una misión de paz, a conocer el mundo artístico y espiritual. Primera parada, Asia.

Note que sus ojos eran verdes, muy claros, y que no iba a lo desconocido.

Me dijo: Cruzaré los dos mares, el atlantico hasta nueva york y de san francisco, por el pacífico, llegare en dos o tres meses a Japón.

Nos despedimos y me invitó en el muelle, antes de partir,  a la exposicion que realizaria a su regreso. Con admiracion vi el barco a vapor desaparecer, imagen que volvio a mi memoria cada vez que en paris espere que se abrieran las puertas de  su villa italiana en la avenida velazquez.

Hoy y ayer, un museo. Por todos los mares, reinos e imperios que recorrió, regreso a Paris con el museo Cernuschi meciendose en valijas trasnoceanicas.

Lo encontré en el salón principal, habia traido un gran buda el mas grande que europa habia visto, cuando le mencioné el tamaño, me comentó:

Estuve sentado en las piernas de un buda de piedra cinco veces mas grande que este, como traer una montaña?

Unos dias mas tarde, entendí que la montaña se estaba construyendo con pasion, me habia sentado en una banca junto a la ventana, en el primer congreso internacional de orientalistas. Cernuschi sentado mas adelante, nos guiaría mas tarde, creca del mediodia, a su nueva coleccion de arte Japones y Chino. Un hito en paris y el mundo, con Cernuschi, Morse, Edmond de Goncourt, Siegfried Bing, Paul Durand Ruel, Justus Brickman, Carl Jacobsen y los jovenes Georges Marteau y Henri Vever, entre otros, formaron una comunidad de especialistas en arte asiatico organizando y participando enla primera exposicion de orientalistas, y la primera exposicion de arte asiatico que yo conocí. En ese multitudinario encuentro de coleccionistas y especialistas, mi mirada estaba en el maestro Cernuschi, en su cabellera y su barba, que se habian teñido con los aromas de su viaje, su pelo brillaba como magia por la espiritualidad y los años que se habian metido en el. se iluminaba cada vez que se detenia frente a una pieza de arte en exhibicion.

Bronces de dos mil años de antiguedad, minimo. La pátina del tiempo en estas ofrendas fúnebres escondian dragones, tigres.

En el centro, Imagenes del budismo; una pagoda de un metro, estelas de piedra tallada de dos metros, la escultura de el gran buda de meguro de tres metros y la abstraccion del arte ceramico organizado en los cuatro muros.

Grandes pinturas de flores y pajaros, japonesas y chinas sobre seda y papel.

Un dragon mecánico